Lo que aprendí organizando treinta limpiezas de costa

Lo que aprendí organizando treinta limpiezas de costa

La primera limpieza de playa que organizamos en Biodevas fue, para ser sinceros, un desastre organizativo bienintencionado. Llegó menos gente de la esperada, no habíamos calculado bien los materiales y el contenedor que pidió el ayuntamiento apareció dos horas después de que termináramos. Aquel día nos juramos que la siguiente sería mejor. Han pasado siete años y más de treinta limpiezas después, y hemos aprendido unas cuantas cosas que no vienen en ningún manual.

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📦 Los materiales buenos se consiguen pidiendo, no comprando

Guantes de trabajo reutilizables, sacos de rafia y un par de básculas de mano son todo lo que se necesita. Al principio comprábamos guantes nuevos cada vez. Luego descubrimos que mucha gente tiene guantes de jardinería en casa que ya no usa. Los pedimos prestados, los lavamos y los devolvemos. Funciona. Los sacos de rafia los donan agricultores y comercios locales. Cero residuos antes de la limpieza.

📋 El ayuntamiento no muerde

Pasar la solicitud da pereza las primeras veces, pero la mayoría de los ayuntamientos asturianos tienen un procedimiento establecido para este tipo de actividades. Solo hay que llamar con dos semanas de antelación, explicar qué se va a hacer y pedir el contenedor. En algunos casos, el propio ayuntamiento se ofrece a retirar los residuos sin necesidad de contenedor. En otros, la colaboración es mínima, pero al menos ya sabes a qué atenerte para la próxima.

🔢 Lo que no se mide, no mejora

Al principio no pesábamos la basura. Luego empezamos a hacerlo, y los números fueron reveladores: en una sola mañana, un grupo de veinte personas puede retirar entre 80 y 150 kilos de residuos de una playa. El récord lo tiene una playa del occidente donde, en una jornada con mareas muy vivas, superamos los 300 kilos. Ese dato sirve para presionar, para comparar, para saber si las medidas de prevención están funcionando.

📱 La foto antes que la bolsa

Una de las cosas que más hemos aprendido es que la limpieza es solo una parte del trabajo. La otra, igual de importante, es documentar. Una foto de una bolsa de plástico oxidada entre las dunas dice más que mil informes. Las imágenes de nuestras limpiezas han servido para sensibilizar a mucha más gente que los datos de kilos recogidos. Por eso ahora, antes de empezar a recoger, hacemos un registro fotográfico del estado de la playa.

«La limpieza es solo una parte. La otra es documentar para que la próxima vez haya menos que limpiar.»

🙋 Lo más importante: la gente vuelve

Hay un patrón que se repite en casi todas las limpiezas: quien viene una vez, suele volver. La experiencia de pasar una mañana en la playa con un objetivo común, de sentir que lo que haces tiene un efecto inmediato y visible, es adictiva en el mejor sentido. Hemos visto a familias enteras convertirse en voluntarias habituales, a niños que pedían volver al año siguiente, a personas que descubrieron su vocación ambiental en una limpieza de playa. Eso no se mide en kilos, pero es lo que sostiene el proyecto.


Treinta limpiezas después, el aprendizaje más importante es que una playa limpia empieza mucho antes de la jornada de recogida: empieza en cómo decidimos consumir, cómo gestionamos nuestros residuos y cómo entendemos que la basura de la ciudad acaba en el mar. Cada limpieza es un síntoma. El tratamiento está en tierra firme.

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Vista aérea de la costa asturiana
Treinta limpiezas de costa nos han enseñado que el mar devuelve lo que la tierra tira.
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biodevas

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