El verano asturiano tiene una banda sonora que estamos perdiendo sin darnos cuenta.
Una mañana de julio en un pueblo de la montaña asturiana suena así: el chorro de agua de la fuente, el ladrido de un perro a lo lejos, el zumbido de una abeja que pasa cerca, y por encima de todo, el gorjeo de los vencejos que trazan arcos en el cielo. Por la tarde, se añade el canto de las chicharras —un zumbido continuo que parece la respiración del verano— y, al anochecer, el concierto de los grillos.
Ese paisaje sonoro está cambiando. Lo que se oye y lo que se ha dejado de oír dice mucho sobre el estado de nuestro entorno.

🔊 Lo que aún se oye
- Chicharras: su zumbido es el termómetro del verano. Cuanto más calor, más intenso.
- Vencejos: sus chillidos agudos al atardecer. Llegaron en mayo y se irán en agosto.
- Grillos: el concierto nocturno que empieza al caer el sol.
🔇 Lo que se oye menos
- El canto de la codorniz: casi ha desaparecido de los prados asturianos.
- El croar de ciertas ranas: especies que han perdido hábitat por la sequía.
- El sonido de la lluvia fina y persistente: los veranos son más secos, las tormentas más violentas.
En Biodevas creemos que escuchar el territorio es una forma de conocerlo. Por eso te animamos a que este verano, además de mirar, cierres los ojos un momento y prestes atención a lo que suena. Lo que oyes —y lo que no— es el mejor indicador del estado de salud de nuestro entorno.
Puedes anotar lo que escuchas en cada salida al campo y compartirlo con nosotros. Entre todos, podemos construir un mapa sonoro del verano asturiano.
- Mapa de ruido del verano asturiano: lo que se oye y lo que se ha dejado de oír - 20 de julio de 2026
- Agosto anticipado: lo que el calor de julio le está haciendo al bosque - 17 de julio de 2026
- Este verano apúntate a algo distinto: el voluntariado que no sabías que existía - 16 de julio de 2026
