Curso de nubes: nubarrones y nubarios

El cielo de Asturias es un espectáculo que tenemos gratis todos los días. Pocas regiones pueden presumir de ver nubes durante prácticamente todo el año, y muy pocas de tenerlas tan variadas: desde los velos finísimos de hielo que flotan a diez mil metros hasta la niebla que se queda a ras de suelo. Este curso nació para aprender a leerlas.

Está pensado para cualquier persona, sin conocimientos previos y sin ningún instrumento. Basta con levantar la cabeza. A lo largo de diez capítulos aprenderás a reconocer los grandes géneros de nubes, a entender por qué se forman, a interpretar qué anuncian sobre el tiempo que viene y a documentarlas en tu propio cuaderno de campo.

Este material forma parte del trabajo de Troposfera, el proyecto de observación atmosférica de Biodevas, y del Grupo de Investigación y Observación Atmosférica del Principado de Asturias.

1. Introducción: mirar el cielo

Observar la atmósfera es una de las cosas más sencillas —y más antiguas— que puede hacer un ser humano. No hace falta nada: ni instrumentos, ni permiso, ni desplazarse. Solo levantar la vista. Y entre todo lo que se ve en el cielo, las nubes son el elemento más cambiante y más lleno de información.

Una nube no es más que vapor de agua que ha cambiado de fase y se ha agrupado formando estructuras que cubren total o parcialmente el cielo. Según cómo interactúe la luz del sol con sus gotitas y cristalitos, las vemos blancas, grises o casi negras; y al amanecer y al atardecer se visten de colores. Saber nombrarlas es el primer paso para entender qué está pasando ahí arriba.

2. Las nubes altas: hielo a gran altura

Son las que están más lejos de nosotros, entre los 6 y los 14 kilómetros de altura. A esa altitud hace tanto frío que están formadas solo por cristales de hielo, con formas variadas, pero siempre de base hexagonal. Son blancas y translúcidas: dejan pasar la luz del sol, así que cuando cubren el cielo el Sol y la Luna siguen viéndose perfectamente. A esta familia pertenecen tres géneros:

  • Cirrus — los más característicos, con aspecto fibroso y filamentoso. Nos dejan ese «cielo enmarañado» que parece pintado a pincel.
  • Cirrocumulus — pequeñísimos granos u ondulaciones, como un cielo lleno de puntitos. Las estelas de los aviones dan lugar a este género.
  • Cirrostratus — un velo blanquecino, a veces casi invisible, que cubre todo el cielo y suele producir halos: ese anillo luminoso alrededor del Sol.

Precisamente por estar hechas de hielo, las nubes altas protagonizan fenómenos ópticos preciosos, como el halo y el parhelio, cuando la luz se refracta y se refleja en sus cristales. Otra pista para reconocerlas: se mueven, pero tan lejos de nosotros que su desplazamiento aparente es lentísimo.

Cirrus: nubes altas y filamentosas de cristales de hielo
Cirrus, el cielo enmarañado de las nubes altas.
Halo alrededor del Sol producido por un velo de cirrostratus
Un halo rodea el Sol a través de un velo de cirrostratus.

3. Las nubes medias

A medio camino, entre los 3 y los 6 kilómetros. Aquí la composición es mixta: cristales de hielo y gotas de agua líquida juntos. Vistas desde el suelo tienen una base gris pálido, y la luz llega tan amortiguada que los objetos dejan de proyectar sombra. Son las primeras que ya pueden dejar precipitaciones. Tres géneros:

  • Altocumulus — el famoso «cielo empedrado» o «aborregado»: losas y masas redondeadas, blancas y grises.
  • Altostratus — una capa uniforme y grisácea que cubre el cielo como un filtro.
  • Nimbostratus — la nube de la lluvia persistente, esa que descarga durante horas sin que se vea el fin.
Cielo empedrado o aborregado formado por altocumulus
Altocumulus: el clásico cielo aborregado.

4. Las nubes bajas

Ocupan desde el suelo hasta los 3 kilómetros. Aquí ya solo hay gotas de agua, nada de hielo. Su base es siempre gris, de pálido a oscuro, ocultan por completo el Sol y no dejan que nada proyecte sombra. Cuando se forman pegadas al suelo, las conocemos como niebla: reducen la visibilidad y a veces dejan una llovizna débil. Dos géneros:

  • Stratocumulus — bancos o capas de nubes grises y blanquecinas, con partes oscuras.
  • Stratus — una capa baja, uniforme y gris que se queda pegada al terreno.
Bancos de stratocumulus grises y redondeados
Bancos de stratocumulus.
Capa de stratus baja y uniforme, casi a ras de suelo
Stratus: la capa baja que se pega al terreno.

5. Las nubes de desarrollo vertical: algodones y coliflores

Son las más reconocibles y las más divertidas de mirar. Su base suele estar por debajo de los 3 kilómetros, pero pueden crecer hacia arriba atravesando las capas medias e incluso alcanzando los 14 kilómetros. En ellas conviven el agua y el hielo. Se forman por convección, un fenómeno típico de primavera y verano: el sol calienta el suelo de forma desigual, el aire caliente asciende y, al subir, el vapor se condensa. Dos géneros:

  • Cumulus — formas de algodón de azúcar, coliflor o torres. De día, con buena luz, son la estampa del tiempo tranquilo.
  • Cumulonimbus — la nube de tormenta. Adopta formas de yunque, seta u hongo y puede descargar lluvia, granizo y aparato eléctrico.
Cumulonimbus de tormenta con su característica forma de yunque
Cumulonimbus con su característico yunque.

6. Cielos rojizos: amaneceres y atardeceres

Pocas cosas hay más bonitas que un amanecer o un atardecer encendido. Y detrás de tanta belleza hay pura física. La luz del sol está compuesta por los siete colores del arco iris, y al entrar en la atmósfera las moléculas de aire dispersan antes los colores azules y dejan pasar mejor los rojos. Por eso el cielo es azul de día.

Al amanecer y al atardecer, la luz atraviesa un tramo de atmósfera mucho más largo, y el azul ya se ha dispersado del todo. Entonces aparecen amarillos, naranjas, rojos y hasta violetas. Si además hay nubes medias o altas, su base se ilumina desde abajo y el espectáculo se multiplica. Cuando la atmósfera tiene muchas partículas en suspensión, los colores se acentúan todavía más.

Nubes encendidas en un atardecer
Un atardecer con las nubes encendidas.

7. Las nubes como pronóstico del tiempo

Aquí está la parte más útil del curso: aprender a anticipar el tiempo a corto plazo mirando el cielo. No sustituye a un buen pronóstico, pero ayuda a entender lo que se avecina. Algunas claves:

  • Cirrus aislados → buen tiempo. Pero si avanzan organizados y aumentan hacia el horizonte, casi siempre anuncian un cambio rápido: se acerca un frente.
  • Cirrostratus → suelen ser la vanguardia de un frente cálido. Detrás de ellos aparecen a menudo los Altostratus, sin solución de continuidad.
  • Cumulus de crecimiento rápido → atención: pueden estar gestando un Cumulonimbus y una tormenta de tarde.

8. La familia de los meteoros

Las nubes no están solas en el cielo. A todo fenómeno observado en la atmósfera o sobre la superficie terrestre —una suspensión, una precipitación, un depósito de partículas o un fenómeno óptico o eléctrico— la Organización Meteorológica Mundial lo llama meteoro. Y los clasifica en cuatro grandes grupos:

  • Hidrometeoros — el agua es la protagonista: lluvia, nieve, escarcha, niebla, rocío.
  • Litometeoros — partículas sólidas en suspensión o transportadas por el viento: polvo, humo, calima.
  • Fotometeoros — fenómenos luminosos: halos, arcoíris, espejismos, cielos rojizos.
  • Electrometeoros — manifestaciones eléctricas: rayos, relámpagos, truenos, fuegos de San Telmo.

Reconocerlos es ampliar el aficionado al cielo: ya no solo se trata de nubes, sino de todo lo que ocurre ahí arriba.

9. Aprende a crear tu nubario

Un nubario es un cuaderno de campo de nubes: el sitio donde recopilas las fotografías que vas haciendo y las anotas con disciplina. Es la mejor manera de aprender, porque obliga a mirar dos veces y a poner nombre a lo que se ve. Para cada nube o meteoro, anota:

  • Nube y/o meteoro (su nombre completo, si lo conoces).
  • Fecha y hora.
  • Lugar.
  • Descripción complementaria: lo que te llamó la atención, la dirección de la foto, el movimiento de la nube…

Con el tiempo, tu nubario se convierte en un registro personal del cielo de tu comarca: un pequeño archivo meteorológico hecho a mano.

10. Cómo fotografiar las nubes

Fotografiar el cielo tiene su técnica, y no hace falta un equipo caro. Algunos consejos por género:

  • Cirrus — dan su mejor luz con el sol a 90°. Un filtro polarizador realza el blanco y oscurece el azul del cielo. Conviene incluir alguna referencia terrestre.
  • Cirrocumulus — difíciles, porque sus granos son diminutos. Hay que disparar en posición muy cenital; el polarizador ayuda mucho al contraste.
  • Cirrostratus — lo importante es capturar el halo. Hay que subexponer y, a ser posible, usar gran angular y tapar el Sol con un objeto.
Arcoíris doble: meteoro por refracción de la luz
Fotometeoro: arcoíris doble.
Descarga eléctrica (electrometeoro) sobre la ciudad
Electrometeoro: rayo durante una tormenta.

Y ahora, a mirar arriba

Asturias es un privilegio para quien disfruta del cielo: aquí las nubes son paisaje cotidiano y compañía de casi todo el año. Con este curso ya tienes las claves para ponerles nombre, entender qué anuncian y guardarlas en tu nubario. Lo demás es salir a mirar.

Si te animas a compartir tus fotos y observaciones, puedes enviarlas a troposfera@biodevas.org indicando fecha, hora y lugar. Así contribuyes al banco fotográfico de fenómenos atmosféricos de Troposfera.

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